El arte del (auténtico) debate

El librepensamiento para mí es la máxima aspiración de libertad que puede llegar a alcanzar el ser humano, constantemente se busca la libertad de acciones pero mientras no se construya un juicio crítico ninguna libertad de acción nos hará realmente libres.

Aceptar el librepensamiento supone reconocer que vivimos en un mundo en el cual constantemente se desea manipular los pensamientos y creencias de los demás y que vamos a recibir constantes “ataques” a nuestras convicciones, ser librepensante no consiste en activar los escudos y cerrarse a todo, justo al revés, consiste en abrirse a todos los pensamientos dudando tanto de nuestra convicción como de la exención de intencionalidad de la idea entrante. Analizar y juzgar en definitiva.

Es por eso que el mejor medio de cultivo para encontrar la verdadera sabiduría se encuentra en los debates. Según Sócrates, la sabiduría se encuentra fraccionada y escondida entre las personas, y sólo a través del conocimiento de los demás y el diálogo se logra ir reconstruyendo una verdad. Si bien esto es discutible, pues no todas las personas albergan un retazo de la verdad que buscamos conocer, si nos hace entrever que los debates han de ser con gen te cultivada en el aspecto que buscamos conocer, y más importante aún: librepensantes.

Es por eso que es tan difícil organizar un auténtico y buen debate, donde las opiniones y los hechos se crucen de manera respetuosa y sin ataques ni desautorizaciones. Las opiniones son apreciaciones subjetivas de una realidad, su fundamento debe estar basado en nuestro raciocinio y son útiles para ganar aliados defensores de una misma idea, con una opinión se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero no se puede decir que sea falsa (aunque se puede apelar respetuosamente a un error de lógica). En cambio los hechos son exposiciones argumentadas y documentadas de carácter (fundamentalmente) objetivo que toman como armazón fuentes de datos de fiabilidad, los hechos sirven para convencer a gente de ideas opuestas y son irrefutables, son y punto, todo lo que se puede hacer contra la exposición de un hecho es ampliar la visión o encontrar documentos contradictorios (y válidos).

Es de suma importancia no permitir el acceso al debate a individuos fanatizados o escasos de conocimiento y rigor, ya que el fin último de un debate no consiste en imponer un pensamiento prestablecido de uno de los debatientes sino entre todos alcanzar una visión más completa y global de lo que supone el problema para así pensar en posibles soluciones.

Esta forma de ver un debate, no como una contienda o una sarta de ataques, sino como un elemento cooperador y que une diferentes visiones del problema junto a nuestros compañeros (si, digo “compañeros” y no “rivales”) es quizá una de las mejores formas de obtener grandes dosis de sabiduría.

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